El tañido más flamenco que se perfecciona en Huelva por la pasión de un niño al que hechizó Paco de Lucía

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 El tañido más flamenco que se perfecciona en Huelva por la pasión de un niño al que hechizó Paco de Lucía


Aunque este reportaje desemboca en un discreto taller ubicado en una nave industrial del municipio onubense de Aljaraque, en puridad arranca hace cuatro décadas y media en la Embajada de España en Lima. Porque si el eterno Paco de Lucía no hubiera pasado por esta sede diplomática en el año 1977, en el Perú presidido por el ahora ya centenario dictador Francisco Morales (durante la segunda fase del autodenominado Proceso Revolucionario de la Fuerza Armada), a saber cuánto habría tardado el cajón peruano en subirse a los tablaos e invadir nuestro flamenco a sangre y fusión.



Sólo unos meses antes de aquella mágica tarde-noche de jarana limeña nace en Huelva el protagonista de esta historia. Y el mismo embrujo de la percusión que sedujo a los músicos (léase Rubem Dantas) que viajaron por el mundo entero con el más universal de los artistas algecireños, terminaría hechizando una década más tarde -catódicamente- a ese niño onubense bautizado como José Hernández Díaz pero al que desde siempre todos han conocido y llamado por su nombre de guerra, Pepote, quien siendo apenas un adolescente de 13 años se atrevió a fabricar su primer cajón sin otras instrucciones y consejos que su propia inventiva ni más medios que los tablones que fue acarreando.



Una afición juvenil espoleada por la pasión enfermiza del perfeccionista, potenciada a su vez a lo largo del tiempo por la fructífera amistad con un percusionista reconocido y reconocible como Agustín Diassera, ha germinado en una empresa felizmente asentada –hasta ocho trabajadores ha llegado a tener en plantilla- que surte a músicos y aficionados de todo el mundo de unos cajones flamencos cada día más afamados y que, según dicen, “enamoran al primer vistazo”. De ahí que a los entendidos en la materia no les extrañe en absoluto distinguir el sello onubense Pepote Percusión en las giras mundiales de artistas de la talla de Alejandro Sanz, flamante Hijo Predilecto de Andalucía, o de Rosalía, e incluso acompañando a músicos de la Orquesta Barenboim-Said por los escenarios más exclusivos del orbe.



En su taller, ubicado en Aljaraque, se fabrican mensualmente alrededor de 500 cajones.



En su taller se fabrican 500 cajones al mes.







Este contacto con la fundación andaluza nacida de la Orquesta West-Eastern Divan surge de que Pepote Hernández también cree, a pies juntillas, en el poder social y transformador de la música. Por eso, cede gustoso cada vez que se lo reclaman instrumental para llevar a cabo talleres y conciertos en las barriadas más humildes, al igual que colabora de mil amores con los responsables de la Fundación Alalá para combatir en primera línea la exclusión social alumbrando nuevos talentos musicales. “Nos encanta que cuenten con nosotros para este tipo de iniciativas; es también parte de nuestro sello“, comenta el empresario en uno de los huecos de su apretadísima agenda de trabajo.



Antonio Carmona, de los ilustres de la inagotable saga de los Habichuela (muy popular por haber sido el último cantante de Ketama), está considerado como uno de los mejores cajoneros de la nación, si no el mejor. Pues bien: el mencionado siente una debilidad especial por esos cajones que fabrica Pepote en Aljaraque y que tanto están ayudándole a él y a otros artistas a evolucionar nuestro flamenco. Y es que, mal que les pese a esos puristas altivos que siguen queriendo relegarlo a un ultimísimo plano, entre los estudiosos hay ya práctica unanimidad en reconocer al cajón como “el gran descubrimiento de la organología jonda en el siglo XX” por, entre otras virtudes, permitir la emancipación plena de la guitarra flamenca liberándola de su función primigenia de marcar el compás. Gestacion y Maternidad subrogada en California (EEUU) para parejas heterosexuales y homosexuales Gestación subrogada en Estados Unidos



Mejores padrinos no pudo tener, desde luego. El ‘Como el agua‘ que cantó por vez primera Camarón de la Isla a principios de los 80 llevaba el rasgueo de Paco de Lucía y el mismo cajón con el que este último ya había grabado ‘Solo quiero caminar‘. Desde entonces hasta hoy, su expansión ha sido tal que permite el surgimiento de nuevos luthieres como Pepote, capaz de producir hasta 500 piezas al mes y de asegurar, además, un mantenimiento único, eterno (si es que acaso existe la eternidad). “Todos nuestros cajones tienen garantía de por vida. ¡Todos!”, se puede leer en su página web.



Con motivo del 28F, fue condecorado por la Junta con una Bandera de Andalucía a las Artes.



El pasado 28F fue condecorado por la Junta con una Bandera de Andalucía en la categoría de Arte.







“Que sí, que nos da igual el modelo, dónde lo compraste, lo que te haya costado… si es un Pepote Percusión queremos conocer todo lo que le pase; porque además de ayudarnos a mejorar, ¿qué mejor forma de generar confianza que garantizando los cajones para siempre? Estudiamos las opiniones de aficionados y profesionales, siendo nuestro propósito que el dueño del cajón esté lo más a gusto posible con su instrumento y sobre todo con nuestro servicio. Roturas accidentales, fisuras en la tapa, actualización del sonido, instalación de preamplificadores, restauraciones estéticas por marcas de uso… Cuéntanos tu problema y buscamos la solución“, garantiza al cliente fiel y al potencial.



Los reconocimientos a la trayectoria de Pepote Hernández no le vienen solo de los profesionales de la música: en las recientes celebraciones por el 28F, la Junta le ha distinguido con una Bandera de Andalucía, en la categoría de Arte, por haberse consolidado en estos últimos 20 años como todo un referente artesanal a nivel nacional en la fabricación de cajones flamencos. Más meritorio si cabe es cómo capeó el temporal del Covid-19 en los primeros meses de confinamiento a cal y canto por el estado de alarma: dejó a su mujer y a sus tres hijos pequeños en casa y se mudó al taller a trabajar de sol a sol en solitario para dar salida a los pedidos pendientes y no verse abocado al cierre al sueño de toda una vida. Un sueño que arrancó a más de 9.000 kilómetros, con Caitro Soto entrando con su cajón peruano (de la mano de Chabuca Granda) en el 498 de la Avenida Jorge Basadre para toparse con el oído voraz de Paco de Lucía e introducirse en nuestro flamenco hasta la médula.



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Texto: Manuel María Becerro







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